4.1. Tema i iconografia
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4.2. Significat i funció
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-En la parte alta observa una zona celestial donde aparecen Cristo, la Virgen, ángeles, santos y otros personajes ya fallecidos.
-En la parte inferior, la terrenal, se representa un entierro rodeado de personajes, unos eclesiásticos y otros civiles.
El lienzo tiene un formato adaptado al vano formado por dos pilares cerrados por un arco de medio punto, aparece divido en dos zonas: una celestial y otra terrena, fórmula muy utilizada por el artista en otras obras de temática religiosa.
-En la parte inferior, la terrenal, se representa un entierro rodeado de personajes, unos eclesiásticos y otros civiles.
El lienzo tiene un formato adaptado al vano formado por dos pilares cerrados por un arco de medio punto, aparece divido en dos zonas: una celestial y otra terrena, fórmula muy utilizada por el artista en otras obras de temática religiosa.
La primera ocupa mayor espacio en detrimento de la zona baja donde se plasma sencillamente el asunto central del cuadro, el milagroso entierro al que asisten los caballeros y los representantes de las órdenes religiosas más importantes.
Los rostros alargados, la maneras dignas y contenidas dispuestas al momento espiritual.Los caballeros asistentes no sólo acompañan al difunto amigo en la ceremonia de su entierro, sino que muchos parecen reflexionar sobre su propia mortalidad.
Todos parecen ensimismados en su discurso íntimo e individual lo que produce en sus rostros rasgos de sobria tristeza y melancolía que refleja una misma concepción del mundo.
El Greco los colocó a todos con un claro sentido isocefálico, con igual alargamiento en sus rostros y figuras, agrupados formando un interrumpido friso, vestidos todos de negro.
En el centro de la zona baja San Agustín y San Esteban, son respectivamente un anciano con barba blanca y un joven de aspecto virginal, sostienen el cuerpo exánime del caballero revestido con una armadura de acero con reflejos metálicos, y un rostro matizado por el color del fallecimiento, para bajarlo a la sepultura mientras su alma asciende para el Juicio Divino.
Los ropajes de los dos santos contiene una serie de pequeñas pinturas que decoran sus capas pluviales, introduciendo el asunto de la pintura en la pintura, entre las que destaca el propio “Martirio de San Esteban” y una franja vertical de santos. El amarillo del oro, el blanco y rojo de los bordados predominan en este grupo de figuras que contrasta con el negro de la vestimenta de los asistentes al sepelio, los testigos del milagro, los caballeros toledanos, todos ellos identificables, pese a que su identidad precisa sea muy problemática.
Parece muy seguro que el retrato del cura de Santo Tomé se corresponda con el personaje de espaldas, con sobrepelliz magníficamente conseguida mediante veladuras, en tanto que el sacerdote que lee las preces funerarias, revestido con una capa ceremonial sea el ecónomo don Pedro Ruiz Durón que se cita en la inscripción pétrea.
El pajecillo, que desde el ángulo izquierdo parece indicarnos claramente con el gesto de su mano la veracidad del milagro, parece que representa al hijo del pintor, Jorge Manuel, sirviendo para identificarle la fecha de su nacimiento,1578, que se aprecia en el borde del pañuelo que asoma del bolsillo; modernamente se le asocia, por el parecido del rostro, con el hijo y heredero del rey, el futuro Felipe III, completando así el sentido de la inclusión de Felipe II glorificado y homenajeando a su hijo como futuro rey de España.
En definitiva, se cree que todos los asistentes al milagroso entierro son retratos de personas de su tiempo que con su presencia hicieron de este cuadro uno de los más importantes retratos de grupo de la historia de la pintura.
En esta zona contrasta la actitud contenida de la Virgen con la expresiva postura suplicante de San Juan, de canon muy alargado y perfecta anatomía, que antecede a la masa de santos que han alcanzado la Gloria, entre los que se encuentran dos personajes conocidos: Felipe II, todavía en el trono cuando el Greco pintó este lienzo, interpretado como un intento por parte del artista de congraciarse con el rey y acceder a su favor tras el fracaso conseguido con su “San Mauricio”; el segundo personaje conocido es el retrato del cardenal Tavera, don Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo ya muerto que en vida había protegido al Greco; en el lado izquierdo aparece la imagen de San Pedro y por debajo y en plano alejado se descubren las imágenes sedentes de David, Moisés y Noé.
En la composición de esta zona celestial el Greco adopta un esquema claramente bizantino en la que Cristo Juez, situado entre la Virgen y San Juan, recibe la presentación del alma del conde de Orgaz, en forma de niño translúcido, llevado por un ángel que supone la unión entre los dos espacios, mientras que los coros de los bienaventurados observan el entierro.
Lo terrenal y lo celestial aparecen íntimamente unidos en esta obra, pero cada uno de los dos espacios trasciende y penetra en el contrario, la unión e integración entre los dos mundos se realiza, de un parte en un sentido ascendente, a través del ángel que lleva entre sus manos el alma del difunto, y de otra en sentido inverso por medio de los dos personajes celestiales, San Agustín y San Esteban, que se convierten en los protagonistas del milagro terrenal.